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Blog: La Suprema Corte escribe la historia (ANÁLISIS)

La decisión de la Corte Suprema de Justicia sobre la constitucionalidad de la reforma de salud es histórica, por más de un motivo.

Sorpresa. Desilusión. Maravilla. La historia se está escribiendo en vivo y en directo.
Esas fueron solamente algunas de las reacciones, las sensaciones que documentaron las cadenas de cable y los sitios de internet en los primeros momentos luego (y durante) de la lectura de la decisión de la Corte Suprema de Justicia sobre la constitucionalidad de la reforma de salud.
La importancia de la decisión, es cierto, es histórica. Por más que un motivo.

Primero, porque la reforma de salud aprobada en 2010 es la culminación de décadas de intentos de legislación que fracasaron estrepitosamente por el inmenso poderío que los intereses creados siempre han tenido en Washington. De esta manera, mientras que en el resto del mundo industrializado existe el seguro médico universal en sus diferentes versiones, aquí tener acceso al cuidado de la salud y a lo más moderno de la medicina se ha estado convirtiendo más y más en un privilegio carísimo, inaccesible y complicado.

Y la reforma de salud, de manera incompleta, parcial, insatisfactoria para muchos, ha avanzado a Estados Unidos en los casilleros de las naciones que cumplen con la premisa que deberían definir a los gobiernos: que tienen la obligación de velar por los intereses y el bienestar de la mayoría.

Los intereses creados no han sido derrotados. En parte, porque no están ausentes en la reforma, sino que son parte de la misma. Segundo, porque los detractores de la ley siguen en campaña para anularla. Pero eso pertenece al segundo motivo.

Así como la reforma de salud fue el principal caballito de batalla de Obama durante los primeros (o los únicos) cuatro años de su presidencia, es el tema principal alrededor del cual se alinean sus detractores - o mejor dicho, sus enemigos políticos. Tanto, que le dieron el nombre de Obamacare. Despectivamente, como escupiendo la palabra con desdén y hostilidad. Tanto, que el nombre se ha convertido en el definitorio del tema para todo el mundo; incluso para la Casa Blanca, que lo utiliza ahora como para decir: Obamacare significa Obama cares, a Obama le importa. Por lo que lo seguiremos llamando, desde aquí, de esa manera.

La decisión de la Suprema Corte no es el final del debate. En medio de las transmisiones en vivo - confusas, caóticas, pero excelentes - de la cadena CNN, se coló un aviso publicitario que directamente atacaba la "ley de Obama", protagonizado por una doctora.

Es que todo esto que estamos viendo es parte de la campaña electoral por la presidencia. De allí los ánimos caldeados cuando un análisis frío podría derivar en las mismas conclusiones a las que llegó el presidente de la Corte, John Roberts. De allí la intransigencia, la gritería. La reticencia a leer los textos (interminables, sí) de la ley.

Y un tercer motivo para la sorpresa: la identidad de quien leyó la decisión de la mayoría de la Suprema Corte. Fueron cinco jueces contra cuatro, como desde hace años. Pero no los mismos cinco conservadores contra cuatro liberales. A los expertos y políticos se escapó la posibilidad de que John Roberts, el presidente del tribunal desde 2007, el nombrado por el republicano George W. Bush y quien la semana pasada había liderado al grupo más de derecha en generaciones dentro de esta institución, fuese el entusiasta fiel de la balanza que dio la victoria al Presidente.

Porque de eso se trata: de una gigantesca victoria a Obama en su carrera a la Casa Blanca. Una victoria que no le asegura la victoria, pero que le ahorra muchos de los sufrimientos y los problemas que la decisión que esperaban, auguraban, creían muchos que llegaría - que la Suprema Corte declararía toda la ley anticonstitucional - le hubiese causado.

Un comentarista que estaba entre los 500 dignatarios presentes durante la lectura de la introducción a la decisión por parte de Roberts lo describió bien: los primeros cinco minutos, cuando Roberts leía que el inciso de seguro médico obligatorio era ilegal basado en la cláusula de comercio de la Constitución, los conservadores presentes tenían los ojos iluminados y la sonrisa pegada. Pero luego, cuando el juez leyó que el mismo inciso sí era constitucional según la autoridad del Congreso de crear impuestos y de gravarlos a quienes se negasen a adquirir seguro médico, sus ojos se cerraron, su sonrisa desapareció y una expresión de consternación y asombro invadió su rostro.

Lo mismo que a nosotros y a muchos más. 

Seguir a Gabriel Lerner en Twitter: www.twitter.com/@gabrielerner

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